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martes, mayo 24, 2022

LLORA LOZOYA! EXTRAÑA CENAS DE LUJO. RECHAZA LOS “NOPALITOS CON QUESO”

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En sólo 24 días, Emilio Lozoya pasó de cenar pato pekinés en el lujoso restaurante Hunan de Lomas de Chapultepec a que le ofrecieran nopales con queso en el Reclusorio Norte.

En su primera noche privado de la libertad no hubo hostess que lo recibiera, mesero que le llevara los alimentos a una elegante mesa o finos vinos a su disposición. En cambio, lo recibió el director de la prisión, Enrique Serrano, quien le leyó sus obligaciones y derechos como nuevo interno, mientras que un custodio le anunció el menú de la noche, que incluía como única bebida un té de manzanilla sin azúcar en un vaso de plástico.

A pesar de que los últimos alimentos que ingirió el exdirector de Petróleos Mexicanos fueron nueces y una mezcla de frutas deshidratadas que cargaba su madre Gilda Austin durante la audiencia de este miércoles, Emilio Lozoya se negó a cenar ese menjurje de nopales asados con queso en cubos.

Apenas llevaba unas horas en el Reclusorio Norte y dijo que sentía el estómago revuelto. Pidió un vaso con agua, dio la vuelta y buscó acomodo en su celda privada en el Dormitorio 10, donde los contagiados con Covid19 hacen cuarentena antes de entrar en contacto con la población general.

Al llegar al Reclusorio Norte, el director del penal lo recibió con un apretón de manos muy distinto al de su madre, enérgico y corto, como para demostrarle a Emilio Lozoya que él ya no estaba al mando de la situación. Sólo un privilegio le fue anunciado en esa presentación: estaría aislado para garantizar su integridad física.

Luego, vino un gesto simple, pero que significaba la transmutación de Emilio Lozoya, nieto de un exgobernador de Chihuahua, hijo de un exsecretario de Estado y junior de la política egresado de la Universidad de Harvard: se despojó de su traje azul “navy” y se enfundó en un uniforme usado color beige, el que usan todos los internos que esperan sentencia judicial.

Dos peticiones llamaron la atención de quienes acompañaban al exdirector de Petróleos Mexicanos y que les hacen creer que Emilio Lozoya realmente creía que esa noche seguiría siendo un hombre libre: pidió una chamarra porque no tenía algo para pasar la noche abrigado y que se le permitiera quedarse con los zapatos que usaba –un par brillante aparentemente costoso– ya que no llevaba tenis o un calzado más cómodo. Ambas prendas se le concedieron, pero sin agujetas ni cordones.

LA PRIMERA MAÑANA LLORANDO

Si la mañana de este jueves 4 de noviembre se siguió el protocolo habitual para todos los internos, Emilio Lozoya habrá despertado cerca de las 6 de la mañana con el ruido usual de los custodios que “pasan lista” a los internos, un ejercicio que se hace tres veces al día para asegurarse que no haya reos fugados.

Sin privilegios, habría tenido que hacer lo que la mayoría de los reos hacen diariamente: pagar entre 2 y 5 pesos al custodio para evitar hacer “la fajina”, es decir, lavar los baños con una cubeta, detergente y cepillo, o acarrear agua hasta los dormitorios de otros internos.

Pero si mantiene sus privilegios, es probable que Emilio Lozoya no haya tenido que preocuparse por tener dinero, sino por los ingredientes del desayuno, seguramente muy distintos a lo que acostumbraba comer cuando era un alto funcionario del gobierno o testigo consentido que gustaba de pasearse en restaurantes de lujo.

F: MX

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